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domingo, 12 de junio de 2011

El Claro del Bosque. Marisa Madieri


El Claro del Bosque
Marisa Madieri
pp. 133 (casi 30 las ocupa el posfacio)
Ed. Minúscula

Entresaco del posfacio … Es una delicada fábula floral. Para muchos italianos, la obra maestra de Marisa Madieri. Es la biografía de una margarita contada desde el punto de vista de una margarita.
Es como un relato a lápiz, es decir relato pintado en que el dibujo prevalece sobre el color.
Se trata en el fondo, de una larga, ininterrumpida contemplación y meditación sobre la vida y la muerte.
Es un poderoso ejercicio de metamorfosis y dilatación del yo. Hasta el nombre de la margarita —Dafne— hace referencia al mito clásico de la metamorfosis de una ninfa en un laurel.

1. Me gusta la sencillez, la belleza, la defensa de la vida frente a la “amenaza de la inevitable esterilidad que se autopropaga en las margaritas”. La construcción del relato. La brevedad. Lo estético. Además quiere acabar bien.

2. No es lo que más me gusta estos relatos fabulados, aunque ya vais conociendo mis gustos los que entráis en el blog.

Nota. 7

lunes, 6 de junio de 2011

Marisa Madieri en Verde Agua

Creo que este capítulo del libro Verde Agua se puede considerar también un relato corto.

Hacia el final del segundo curso de bachillerato tuve ocasión de participar en alguna celebración en casa de mis compañeras. La primera vez me invitó mi compañera de pupitre, Marina, con la que estudiaba a menudo. Era hija de un magistrado y vivía en una casa que a mí me parecía un palacio. En el vestíbulo había espacio hasta para una mesa de ping-pong. Marina era una chica sencilla y generosa, que no me hacía sentir incómoda por la disparidad de nuestras condiciones económicas.


Sentí, en aquella ocasión, una alegría confusa, una gran turbación y el deseo de rechazar la invitación. A la timidez se unía la vergüenza de no tener nada adecuado que ponerme. Yo sabía que todas las chicas tenían vestidos elegantes y vaporosos para las fiestas. Hablaban de ello en clase, describían la fantasía, el tejido, la hechura.


Mi madre me leyó el pensamiento. Llevó al Monte de Piedad, como había hecho otras veces, su brazalete de metal blanco y amarillo, después de haberlo lustrado a conciencia con un paño para que brillara, y su abrigo de piel, probablemente de conejo, muy gastado. Esto le permitió comprarme una falda acampanada y un conjunto formado por una rebeca y un jersey de cuello redondo, de orlón color verde Nilo. Guardé aquel conjunto durante años, con celo, a pesar de que el tejido de fibra sintética, con los lavados, se volvió cada vez más largo y más ancho, hasta deformarse del todo.


También verde agua se llamaba aquel color, que para mí es aún hoy el color del amor.

lunes, 9 de mayo de 2011

Marisa Madieri

Quitadas unas lineas recojo uno de los capítulos (apunte de un dia del diario) y es casi un relato corto ... delicioso.

Mamá me llevó al médico. Me recomendaron una colonia de verano donde poder respirar aire sano.
Un muchacho en particular atraía mi atención. Tenía la piel clara, los cabellos del color del trigo y los ojos azul cielo. Sus mejillas, siempre arreboladas, recordaban la fragancia de una fruta madura. Adriano no reparaba en mí.

Con el fin de tener ocasión de acercarme a él, me puse, con paciencia, manos a la obra. Preparé con un cartón un tablero de ajedrez y recorté muchos pequeños discos sobre los que dibujé con destreza las diferentes piezas del juego del ajedrez. Me sentía particularmente orgullosa del alfil y de la reina negros, que tenían un aspecto imponente y un poco siniestro. El juego tuvo éxito con mis compañeros y al final, por mediación de una amiga un poco mayor que yo, conseguí desafiar también a Adriano. Estaba muy emocionada. En aquella partida intenté dar lo mejor de mí y ostenté todas las técnicas y los trucos que había logrado aprender de un pequeño manual y jugando, en Fiume, con mi padre. En pocos movimientos di jaque mate a mi adversario.

Adriano enrojeció de vergüenza y desde ese momento me evitó con sumo cuidado.

jueves, 5 de mayo de 2011

Verde Agua. Marisa Madieri


Verde Agua
Marisa Madieri
Ed. Minúscula
pp. 200
Verde agua es una narración autobiográfica que, aunque se escribe a modo de diario entre noviembre del 1981 y noviembre del 84, la autora habla más del pasado que del presente. Marisa Madieri revive los años de su infancia y de su experiencia del exilio en Trieste en condiciones muy precarias.
Hay sentimientos (del presente) y ambientes (del pasado) magistralmente descritos. Y a lo largo de todo el relato, los valores que orientaron la vida de la escritora: , el sentido trascendente de la vida, el dolor, el cristianismo, la defensa de la vida, ...

1. Está escrito de manera sencilla. Apenas 200 páginas en tamaño octavilla. Cada anotación del diario ocupa apenas dos páginas y en mucho casos un párrafo. Es magistral alguna referencia a lo que es ser madre (además del enlace anterior otro ). Delicadas formas de decir:

... Lloré la muerte de mis abuelos, el encarcelamiento de mi padre, la lejanía de mamá, el exilio y la soledad, la fal­ta de besos, los agujeros en los zapatos, lloré el esfuerzo de crecer y la pena de existir...

… El primer espacio para la aventura de mi vida, pues, el de las exploraciones a gatas en los laberintos domésticos, fue precisamente su vestíbulo, en el cual se me admitía de buena gana puesto que estaba casi desprovisto de adornos.

……le negaron la alegría y la despreocupación de la infancia.


2. ¿cierto desorden?, creo que para muchos esto lo hace tan bien más bello.

Nota: 9